Recomendación: Si puedes, usa auriculares.
Ajusta el volumen antes de comenzar.
Puedes escucharla en cualquier lugar y en cualquier postura: tumbada, sentada, incluso caminando.
La meditación dura 11’35”
⇣ Reproduce la meditación a continuación ⇣
𓁹 Esta sesión está creada para traerte de vuelta.
Imagen de la portada: pertenece a la portada del álbum Cupid mahaji.
Escucha “Espacio corazón”:
✶ Espacio corazón ✶
Hemos creado esta meditación breve (once minutos y medio) como una pequeña píldora de bolsillo.
Un espacio que puedas descargar y llevar contigo. Para volver a él siempre que lo necesites.
Espacio Corazón nace de una comprensión sencilla: aquello que intentamos cambiar ya está siendo sostenido por una presencia que no necesita cambiar nada para incluirlo.
Cuando algo parece desordenarse por dentro (tensión, prisa, tristeza, inquietud) solemos reaccionar intentando mejorar el estado. Respirar mejor. Calmarnos. Entender qué nos ocurre. Resolver.
Aquí proponemos un gesto distinto. No solo durante unos minutos de meditación, sino como una posibilidad para la vida.
En lugar de reaccionar tratando de transformar lo que sentimos, aprendemos a acercarnos a ello.
Puedes hacer esta meditación tumbada, sentada, caminando o esperando en una estación. La postura importa menos que la orientación: ese leve giro de la atención hacia lo que ya está ocurriendo.
Respiras. Antes de intervenir, reconoces la respiración.
Hay tensión en el cuerpo. Antes de corregirla, la sientes.
Hay inquietud. Antes de explicarla, la percibes como energía viva.
No añadimos nada. No quitamos nada. No buscamos perfeccionar.
La práctica consiste en descansar en el simple darse cuenta.
Y ese darse cuenta no es distante ni frío. Es lo más cercano que tenemos. Está ocurriendo ahora mismo, incluso mientras lees estas palabras. Es la capacidad de permitir que lo que es, sea.
Cuando dejamos de resistir la experiencia, algo se suaviza. Lo que parecía compacto comienza a mostrarse como movimiento. La tensión deja de ser un bloque y se revela como vibración. La emoción deja de ser una historia cerrada y se siente como pulso.
Nada necesita ser arreglado. Solo reconocido.
La música que acompaña la sesión se llama duduk, una flauta tradicional armenia. En un momento de silencio, Lucas entona suavemente el nombre de Shiva. El nombre de Shiva apunta a la conciencia misma que escucha. A esa apertura que no excluye nada de lo que aparece.
El sonido no añade algo nuevo. Afina la escucha de lo que ya está.
Esta práctica es breve. Pero suficiente para recordar que no estás lejos de ti.
Que la distancia que crees sentir es solo una distracción momentánea.
A veces basta reconocer una sola respiración para advertir que nunca te has ido.
ᥫ᭡.ִֶָ𓂃