Esta es una de esas prácticas que me encanta compartir, sobre todo por sus transiciones y por esos momentos líquidos que nos sacan del patrón habitual y nos invitan a movernos desde otro lugar.
Si la repites, empieza a sentirse como descubrir pequeñas corrientes internas. Aparecen matices nuevos en la dirección, en el pulso, en cómo hoy tu cuerpo quiere moverse. Y también mini-descubrimientos muy concretos: ah… si llevo el peso aquí, se siente más estable, si suelto un poco el hombro aquí, puedo sentir allí….
La práctica no es fija. Se va ajustando contigo.
Comenzamos de pie, orientándonos. Antes de hacer nada, registramos cómo estamos hoy, sin necesidad de explicarlo. Cuánta energía hay. Qué zonas están más disponibles. Cuáles piden más tiempo. La práctica parte de ahí.
Exploramos péndulos y espirales como formas de organizar el movimiento. Los péndulos nos ayudan a sentir el peso y la relación con la gravedad. Las espirales despiertan conexiones más amplias, coordinaciones cruzadas que a veces están dormidas.
Cuando el movimiento se vuelve sentido y no simplemente ejecutado, algo se siente por dentro diferente.
Cada transición es una oportunidad para notar cómo inicias, cómo transfieres el peso, cómo respiras, cómo llegas, cómo sales.
Ahí está la práctica. En sentir.
Que la disfrutes.
ᥫ᭡.ִֶָ𓂃
✶ La medicina de la lentitud ✶ Desde el cuerpo, la lentitud no es una idea: es una experiencia directa.
Moverse despacio no es hacer menos. Es sentir más. Es permitir que cada gesto tenga tiempo de completarse por dentro antes de que el siguiente comience. Cuando bajamos la velocidad, el sistema nervioso empieza a percibir.
En la lentitud empiezan a revelarse detalles que la velocidad oculta. El peso específico de los huesos descendiendo hacia la gravedad. La sensación de densidad en la pelvis. El contacto de la piel con el suelo, la temperatura, la presión. Ese micro-momento en que la mandíbula suelta medio milímetro.Micro-ajustes. Micro-escuchas. Ahí habita nuestra inteligencia corporal.
El aprendizaje encarnado no ocurre en la intensidad, sino en la repetición consciente. En volver a los mismos movimientos hasta que dejan de ser formas externas y se convierten en experiencia sentida. El cuerpo necesita tiempo para registrar. Para sentir. Para integrar. Para reorganizarse.
Cuando nos movemos despacio, la atención se vuelve casi táctil. No empuja al cuerpo hacia una postura; entra en relación con él. Se abre un diálogo: sensación, respuesta, pausa. Sensación, respuesta, pausa. Así se construye la confianza somática.
La lentitud regula y amplía la ventana de tolerancia. Permite que una sensación sea sentida, que el placer sea reconocido, que la incomodidad sea masticada.En el yoga, en el arte, en la vida y en los vínculos, lo que realmente permanece en nosotros no es lo que entendemos con la cabeza ni lo que hacemos algunas veces con intensidad, sino aquello que el cuerpo ha tenido tiempo de sentir, procesar e integrar.
Igual que la tierra necesita tiempo para absorber la lluvia, el cuerpo necesita espacio para recibir la experiencia.
Cuanto más lento el gesto, más profundo el registro.
Y lo que se siente plenamente, se asienta.
Si te apetece explorar más sesiones de este estilo ☞ puedes entrar en la biblioteca con las clases que grabé en otoño.
En unos meses volveré a grabar nuevas prácticas. Y si ya estás practicando con la biblio y tienes sugerencias o algo que te gustaría practicas más, me encantará leerte.