La jaula que decoramos con explicaciones

Cuando sabemos lo que tenemos que hacer pero no lo hacemos

¿Y si eso que tanto intentas resolver no fuera, en realidad, un problema, sino una experiencia que todavía no has logrado habitar del todo?

Muchos sabemos explicar lo que nos ocurre. Reconocemos lo que se repite. Nos contamos la historia. Subrayamos libros. Nombramos nuestros patrones. Entendemos nuestras heridas. Buscamos su origen. Y sin embargo, saber esto no basta: se puede tener una comprensión perfectamente lúcida de uno mismo y seguir atrapado en lo mismo de siempre.

Porque comprender una idea y encarnarla son dos cosas distintas. La primera ocurre en la mente. La segunda solo puede darse cuando dejamos de pensar sobre lo que sentimos y nos permitimos, de verdad, sentirlo.

¿Puedes quedarte, aunque sea un segundo, con lo que se cierra en tu pecho antes de responder? ¿Puedes sentir cómo cambia tu respiración sin apresurarte a corregirla? ¿Puedes reconocer el miedo que hay debajo del argumento, en lugar de necesitar tener razón?

A veces, tener el conocimiento deja de abrirnos nuevos caminos y se convierte, más bien, en un lugar donde nos acabamos acomodando, un refugio cómodo desde el que explicarnos a nosotros mismos sin tener que encarnar aquello que ya decimos que sabemos.

Escribo esto porque también me ocurre.

Si alguna vez has sentido esa punzada interna de pensar "sé lo que tendría que hacer, y aun así, no lo hago", ten por seguro que no lo sabes, porque no lo haces.

Se podría decir que es un fallo de tolerancia. Es decir, que en el momento que vas a hacer algo, aparece una sensación interna, un impulso, un "lo quiero ahora", y como no la toleramos, volvemos a lo de siempre. Falta la capacidad de quedarse con la incomodidad el tiempo que hace falta.

Sabes que el queso te sienta mal, y aun así lo comes. Si te lo ponen delante, es como si el cuerpo dijese "lo quiero ahora", y esa ganas suben como una ola. Y en vez de quedarte con esa ola un momento, la resuelves comiendo, antes de que llegue a su punto más alto y empiece a bajar sola.

O estás discutiendo con tu pareja y sabes, en algún punto, que deberías callar y escuchar. Pero cuando sientes esa activación interna en forma de impotencia, enfado, tristeza, en vez de quedarte ahí un segundo con ella, saltas a defenderte, porque defenderte apaga esa sensación más rápido que quedarte con ella.

Falta la capacidad de quedarse con la incomodidad el tiempo que hace falta.En ambos casos el impulso dura poco, si no lo alimentas con un pensamiento o una acción. Por eso, quizás el camino no sea entender un poco más. Sino aprender a quedarnos con determinadas sensaciones antes de que se conviertan en pensamiento, en excusa, en la historia de siempre sobre ti mismo. Permanecer ahí, sin actuar todavía, el tiempo suficiente para que el cuerpo termine lo que empezó.

Cabalgar el impulso, lo llaman: dejar que la ola suba, alcance su cresta, y baje. Sin darle de comer. Sin salir corriendo. Solo esperando a que termine su propio recorrido.

Eso es lo que entrenamos, tendidos, en Yoga Nidra y en otras prácticas lentas: quedarnos con las sensaciones (que no son fijas sino abstractas) el tiempo suficiente para que el sistema nervioso aprenda que puede sostenerlas sin escaparse. La condición horizontal no es solo descanso: es donde se entrena, sin esfuerzo y en condiciones seguras, la misma capacidad que después necesitas de pie, en medio de una charla difícil, o delante de un plato de queso.

→ Nota: no estoy haciendo mención de cuando hay una adicción real a alguna sustancia, el móvil, comida, o lo que sea. Cuando hay una adicción real, la capacidad de regular ciertos impulsos están genuinamente alteradas, no es un problema de tolerancia que se resuelve solo con quedarse un poco más con la sensación, y reducirlo a eso sería simplista e injusto con quien la vive. Ahí hace falta apoyo profesional, no solo esta reflexión. De lo que hablo aquí es de esos pequeños "sé lo que tendría que hacer y no lo hago" que nos pasan a todos en el día a día, donde la voluntad está intacta pero no la ejercitamos.

ᥫ᭡.ִֶָ𓂃

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