Embodiment y la ilusión de que pensar puede resolver lo que sentimos
Hoy en día escuchamos mucho hablar de “embodied yoga”, pero sabemos que el lenguaje no alcanza a sostener del todo lo que señala.
Quizá no se trate tanto de definirlo como de acercarnos a una pregunta más directa:
¿qué significa realmente estar en el cuerpo?
¿y qué ocurre cuando, sin darnos cuenta, nos ausentamos de él?
No como una idea que entendemos y que suena bien, sino como algo que podemos reconocer en nuestra propia carne.
Si miramos con un poco de honestidad, veremos que la mayor parte del tiempo no estamos del todo donde estamos. Estamos, pero solo parcialmente. Una parte de nosotros está aquí, pero otra está en la cabeza, en lo que pensamos que está pasando o anticipando lo que creemos que debería estar pasando.
Y ahí ocurre algo muy interesante, que es bastante simple pero muy determinante.
Primero aparece una experiencia: una sensación en el cuerpo, un gesto, un estado, una emoción.
Y casi de inmediato, sin que nos demos cuenta, la mente entra y empieza a construir una historia sobre eso que está ocurriendo.
Ese paso es tan rápido que normalmente pasa desapercibido. Pero es un punto clave, un verdadero punto bisagra.
Es el momento en el que la experiencia directa (lo que está pasando en el cuerpo) se convierte en una narrativa: en algo que interpretamos, explicamos o intentamos encajar.
Y, sin darnos cuenta, dejamos de estar en contacto con la experiencia y empezamos a vivir dentro de esa historia.
No estamos sintiendo directamente. Estamos pensando sobre lo que sentimos.
Este es el punto bisagra: el lugar donde podemos permanecer en contacto con la experiencia tal como es,
o desplazarnos hacia la interpretación.
Y la mayoría de las veces, nos desplazamos.
No porque esté mal, sino porque así estamos diseñados. El sistema nervioso está diseñado para interpretar, organizar y dar sentido a lo que ocurre. El problema no es que aparezca la historia, sino que perdemos de vista que es una historia.
A partir de ahí, entramos en bucles bastante conocidos: le damos vueltas, intentamos entender, buscamos soluciones… como si, en el fondo, creyéramos que si pensamos y analizamos lo suficiente, algo se va a resolver.
Pero lo que ocurre es otra cosa.
La mente no solo observa, también moldea. Intenta ajustar la experiencia a algo que pueda reconocer o controlar, como si necesitara que todo encaje para no perderse.
Y, sin embargo, esa versión que construye, por coherente que parezca, no es lo que estamos experimentando.
Cuando volvemos al cuerpo, algo cambia. No porque lo que está ocurriendo sea diferente, sino porque dejamos de añadirle esas capas constantes de interpretación y juicio propio.
Y ojo, no se trata de contarnos una historia mejor ni más amable. Se trata de ir por debajo de las historias que nos contamos por completo, de volver a la sensación directa y desnuda del cuerpo.
Y entonces, incluso aquello que parecía incómodo o difícil, empieza a poder sostenerse.
Aparece cierta comodidad al sostener lo incómodo, como si algo se aligerara.
Nada cambia en el exterior, pero al dejar de añadir la historia a la sensación, el mundo “interior” empieza a abrirse.
Las diferentes tradiciones contemplativas nos señalas una y otra vez que nuestra naturaleza esencial tiene una capacidad ilimitada para sostener nuestras experiencias. No importa si lo que aparece es suave y delicado o intenso, salvaje y desbordante: la clave está en la conexión somática.
Todo puede ser sentido, sostenido y experimentado tal como es en su base.
En este sentido, la práctica es bastante simple, aunque no siempre fácil.
Consiste en empezar a reconocer ese punto bisagra.
En notar cuándo estamos en contacto directo con lo que ocurre, y cuándo hemos pasado, casi sin darnos cuenta, a la historia sobre ello.
Y, poco a poco, aprender a quedarnos un poco más en ese primer lugar.
Y quizá, con el tiempo, podamos reconocer por experiencia propia que somos capaces de sostener mucho más de lo que imaginamos.
✷
Para esta semana, quizá puedas observar algo muy simple:
¿En qué momentos pasas de la experiencia o sensación a la historia sin darte cuenta?
¿Y qué ocurre cuando, aunque sea por unos segundos, te quedas en la sensación antes de darle un significado?
𓆩ꨄ︎𓆪