Embodiment y la ilusión de que pensar puede resolver lo que sentimos

Hoy en día se nombra con facilidad eso que llamamos “embodied yoga”, pero sabemos que el lenguaje no alcanza a sostener lo que señala.

Quizá no se trate de definirlo, sino de acercarse a la pregunta que lo habita:

¿qué significa estar en el cuerpo y qué sucede cuando nos ausentamos de él?

No como un concepto que se comprende, sino como una experiencia que se reconoce cuando dejamos de nombrarla.

Si afinamos la mirada, quizá podamos ver que la mayor parte del tiempo no estamos realmente aquí.

Vivimos en la mente: en lo que pensamos que está pasando y en lo que creemos que debería estar pasando.

Y lo que se revela, una y otra vez, es algo muy simple:

la experiencia aparece (una sensación, un gesto, un estado)
y casi de inmediato, la mente entra y la convierte en una narrativa.

En ese gesto, dejamos de estar en la experiencia directa
y empezamos a habitar la interpretación.

Este movimiento es extremadamente rápido, tan rápido que normalmente pasa desapercibido.
Pero en ese instante ocurre un desplazamiento muy sutil: dejamos de estar en contacto directo con la experiencia sensorial y pasamos a habitar una versión de ella mediada por el pensamiento.

Ya no estamos sintiendo; estamos interpretando.

Y esto no ocurre solo en la práctica; es la estructura misma de cómo vivimos.

✷ Se ha señalado, desde distintas tradiciones, que hay en nosotros una capacidad natural para estar con lo que es, antes de que sea nombrado.

Pero, en la experiencia cotidiana, rara vez habitamos ahí.
Entre lo que surge y lo que reconocemos, la mente ya ha entrado: organiza, interpreta, da forma.

Se crea una historia, aparece una actitud y, sin darnos cuenta, dejamos de estar con lo que está ocurriendo para habitar la narrativa que nuestra mente enreda..
No la experiencia, sino la historia sobre la experiencia.

Y ahí permanecemos, a veces durante largos periodos, dando vueltas, intentando resolver, intentando comprender, sostenidos por una creencia muy arraigada: que si pensamos lo suficiente, algo se resolverá.

Pero lo que ocurre es otra cosa.

La mente no solo observa, también moldea.
Intenta ajustar la experiencia a algo que pueda reconocer, controlar o integrar dentro de un marco conocido, como si necesitara que la realidad confirme su propia estructura para no perderse.
Es sorprendente hasta qué punto hace esto.

Sin embargo, esa versión construida, por coherente o convincente que parezca, no es la experiencia directa.

Cuando volvemos al cuerpo, algo cambia.
No porque la experiencia sea distinta, sino porque dejamos de añadirle nuestras capas personales.

Y entonces, incluso aquello que parecía difícil, intenso o incómodo, empieza a poder sostenerse.

Aparece espacio.
Y en ese espacio, algo se reorganiza por sí solo.

No como resultado de un esfuerzo, sino porque cesa la interferencia constante que tanta energía nos consume..

Nuestra capacidad de estar con lo que es es mucho mayor de lo que creemos, pero no se accede a través del pensamiento.
Se accede a través del cuerpo, a través de la sensación directa, de lo que ya está ocurriendo antes de ser nombrado.

Quizá puedas llevar esto contigo esta semana, de una forma muy simple.

En el momento en que notes que estás dando vueltas en la mente (analizando, interpretando, intentando resolver) no intentes salir de ahí pensando más.

Haz algo más directo.

✷ Detente un instante y vuelve al cuerpo.
No como una técnica, sino como un cambio de lugar.

Lleva la atención a la sensación, a lo que ya está ocurriendo.
Puede ser presión, calor, tensión, movimiento, palpitaciones… no importa.

Evita nombrarlo demasiado rápido.
Evita convertirlo en una idea.

Permanece ahí unos segundos más de lo habitual.

Deja que la experiencia esté tal como es, sin añadir nada.

Esto es, en esencia, lo que entrenamos.

En Yoga Nidra, cuando el cuerpo descansa y la atención se mantiene.
En el movimiento, cuando dejamos de imponer forma y empezamos a percibir.
En nuestros vínculos, cuando escuchamos sin anticipar, sin sacar conclusiones.

Y, poco a poco, esa pequeña diferencia empieza a reorganizarlo todo.

No cambian las cosas que te pasan, pero cambian cómo las vives.

𓆩ꨄ︎𓆪

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